La Eminencia

Queridos lectores: hoy os traigo un reto audiovisual, para que, ¡oye! se haga más dinámica la cosa, ¿no? Lamentablemente, como es una adivinanza, no puedo adelantar mucho para no hacer spoilers.

Se trata de un vídeo que hice para una práctica universitaria. Lo único que os puedo adelantar es que un porcentaje muy bajo de personas logró descifrar el enigma. ¡Aquí os lo dejo! 

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La nueva América Latina

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Me he encontrado con esta foto buceando en carpetas olvidadas de un viejo disco duro con recuerdos de la capital porteña. En aquel 2011 Mauricio Macri se encontraba en el ecuador de lo que iban a ser sus ocho años de Jefatura de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. En la foto, Macri aparece junto a María Eugenia Vidal, quien era su Vicejefa de Gobierno y es ahora Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. El evento era la reapertura del Mercado de las Pulgas en el barrio de Palermo, en el marco de una política de lavado de cara de la Ciudad de Buenos Aires, llevada a cabo con grandes excedentes de pintura amarilla – color del PRO, partido macrista – que les ayudaría enormemente en las elecciones de 2015.

Este empresario – millonario -, antes presidente del club de fútbol Boca Juniors, daría un vuelco a la política argentina al desterrar a los Kirchner de la Casa Rosada el diciembre pasado, tras doce años del matrimonio en el poder – primero, el difunto Néstor Kirchner y desde 2003, Cristina Fernández de Kirchner. Este giro de 180º ha alegrado a muchos argentinos, que veían en la perpetuación del poder K una excusa para mantener un sistema corrupto y populista. Sin embargo, otros ven en Macri el fin de toda esperanza, vislumbrando una economía liberal de tal calibre que terminará “vendiendo” el país, cual antigualla en el Mercado de las Pulgas, como ya ocurrió en aquellos agridulces años menemistas.

El cambio argentino hacia políticas económicas liberales no ha sido un caso aislado en Latinoamérica. El jueves pasado, el Senado brasileño aprobaba el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff por violar normas fiscales, al maquillar el déficit fiscal. El que fuera vicepresidente del gobierno de Rousseff, Michel Temer, ahora presidente interino, se ha dado prisa en afirmar que contemplarán un mayor espacio para el sector privado. La nueva fórmula de gobierno, donde todos los miembros son hombres y blancos, ha hecho saltar alarmas en un país donde hay una mayoría de mujeres y de personas que se declaran negras y mulatas.

Nicolás Maduro también está en la cuerda floja donde la mayoría opositora de la Asamblea Nacional está determinada a poner en marcha un referéndum revocatorio contra el presidente venezolano. El país está sumido en una crisis de la que parece no poder salir. Ayer, viernes 13 de mayo, el presidente Maduro decretaba un nuevo Estado de  Excepción y de Emergencia Económica en el país.

Algo similar a lo ocurrido en Brasil sucedió en Honduras y Paraguay, en 2009 y 2012, respectivamente, donde sendos presidentes fueron destituidos. El presidente hondureño Manuel Zelaya, fue acusado de abuso de autoridad. Los opositores a sus políticas argumentaban que el presidente pretendía cambiar la Constitución para permitir la reelección. En el caso paraguayo, se culpó al presidente Fernando Lugo de un mal desempeño de sus funciones por la muerte de 17 personas en una reyerta entre policías y campesinos. En ambos casos – como en el de Dilma Rousseff – se habló de Golpe de Estado, ya que los argumentos presentados para destituir a los presidentes parecían insuficientes.

El abuso de poder es una justificación muy usada entre los opositores de Rousseff, Kirchner o Maduro. Se les acusa de autoritarismo, de corrupción, de populismo y nepotismo. Como respuesta a estas acusaciones, sus defensores responden que los otros son pro-estadounidenses, oligarcas, golpistas y que tienen intereses privados en contra de la nación.

En todas estas luchas de poder latinoamericanas lo que menos parece haber es democracia. En los conflictos, los políticos corruptos son reemplazados por otros políticos corruptos – cabe recordar que el nombre de Michel Temer aparece en el escándalo de corrupción de la petrolera estatal Petrobras y que Mauricio Macri ha aparecido en los papeles de Panamá – y así se perpetúa un sistema político en el que el pueblo es una mera herramienta para conseguir el poder. Winston Churchill dijo – por cierto, citando a un autor desconocido – que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que se han probado. Lo que es innegable es que a veces puede llegar a ser, sin lugar a dudas, la más perversa[1].

 

 

[1] Excepto por todas las otras formas que se han probado.

La naturalización del género


Docentes, investigadores y alumnos se reúnen en el Simposio Internacional sobre la Igualdad en la Educación y la Comunicación para hablar de la problemática de género en sus distintos ámbitos.


 

El techo de cristal

En las universidades españolas el 54,3% del alumnado son mujeres, cifra que se eleva a un 57,6% en el caso de los titulados. Estos números son señal irrefutable de éxito 144 años después de que la primera alumna se matriculara en una universidad española[1]. Sin embargo, María Bustelo Ruesta, Delegada del Rector para la Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid, nos recordaba en el marco del Simposio Internacional sobre la Igualdad en la Educación y la Comunicación – que se celebró el 20, 21 y 22 de abril en la UCM – que la fantasía se termina aquí. En las universidades españolas solamente hay un 21% de catedráticas. Bustelo Ruesta afirma que todavía hoy existe un techo de cristal que se evidencia en las jerarquías universitarias. Lamentablemente, esta desigualdad no solo se limita a este sector; según el informe de Women in Business de 2016, apenas uno de cada cuatro puestos directivos en España es ocupado por mujeres. Soledad García Garrido de la UCM, tampoco muestra un panorama alentador en la profesión periodística, donde las mujeres han sido las más castigadas en tiempos de crisis.

Apenas uno de cada cuatro puestos directivos en España es ocupado por mujeres.

 

El papel de los medios

La desigualdad de género continúa existiendo y parte de la responsabilidad de la perpetuación de este modelo se da en los medios de comunicación. Inés de Francisco Heredero de la Universidad de Valladolid, resalta el papel fundamental como agentes socializadores de los medios de comunicación hoy en día. Existe una representación desigual y estereotipada de mujeres y hombres en la publicidad. Esta desigualdad está vinculada con la reproducción de la desigualdad de género en sociedades formalmente igualitarias. De nuevo, de Francisco Heredero recuerda la existencia del techo de cristal y alerta de la importancia de la violencia simbólica existente en los medios de comunicación. Cabe destacar que en 2014 aumentó un 15,4% la violencia machista en menores de 18 años; sin embargo, es pronto para saber si se trata de una tendencia o de un año anómalo.

Los chicos consideran que el sexismo es problema de ellas.

Pablo Vidal Vanaclocha de la Universidad del País Vasco está realizando un estudio sobre la influencia de la publicidad sexista en la adolescencia; en concreto sobre alumnado de 4º de la ESO. En primer lugar hay que tener claro que la publicidad es un agente socializante y alienante. En este contexto, la narratividad publicitaria se alimenta de la pseudo-realidad, inculcando estilos de vida, valores y estereotipos, fomentando, así, arquetipos y estableciendo axiomas del tipo: consumo = placer. La mujer será, entonces, utilizada en sus objetivos estratégicos. Vidal Vanaclocha resalta que la mujer aparece en un 90% de la publicidad. En su análisis tomando 900 anuncios de 2006 a 2016 analiza tres niveles de sexismo: de baja intensidad, maltratador y agresor. El primero es ventajista para los hombres, irreal, tradicionalista, nostálgico. El segundo es machista y misógino, despreciativo y ofensivo, separador y frentista. El tercero ya no se puede encontrar en la Unión Europea, debido a la legislación.

Cuando la publicidad se genera con un código estético afín a la gente joven la violación, la violencia y el sexismo no son percibidos como tal.

Vidal Vanaclocha recuerda que solo el 8% de las mujeres son amas de casa y, como vimos, son mayoría en carreras universitarias. Sin embargo, en publicidad se representan en trabajos de poca responsabilidad o remuneración, o cuyo valor es depositado en su cuerpo. El estudio alerta que la sexualización de la mujer se está moviendo de “la mujer explosiva de los años 90” a “mujeres cada vez más jóvenes y de aspecto infantil”. Por otra parte, la mayoría de los adolescentes piensa que la publicidad representa la realidad y tienen una visión del amor romántico como algo intocable. Las conclusiones a las que están llegando con este estudio es que la grandes mayorías de alumnos están a favor del sexismo de baja intensidad. Cuando la publicidad se genera con un código estético afín a la gente joven la violación, la violencia y el sexismo no son percibidos como tal. Además, los chicos consideran que el sexismo es problema de ellas.

Esta lógica será la misma detectada por Asunción Bernárdez Rodal y Marta Serrano Fuertes de la UCM que, tras realizar varios estudios, determinan que hay un sesgo de género en los informativos, donde los temas vinculados con la desigualdad de género son banalizados o se tratan de forma anecdótica.

 

La desigualdad en América Latina

El panorama no mejora en nuestros vecinos latinoamericanos. Elsy Yaneth Silva Soto de la Universidad Nacional Autónoma de México destaca que en 2010, 9 de cada 10 del personal dedicado a las labores domésticas y cuidado de la familia son mujeres. México es el segundo país con mayor proporción de mujeres jóvenes que ni trabajan ni estudian (solo superado por Turquía, 49,9%). Las mujeres tienen menos posibilidades de conseguir un trabajo remunerado y sufren acoso sexual en el ámbito laboral. Paulina Salinas Meruane de la Universidad Católica del Norte de Chile afirma que en su país el promedio de las mujeres en el mercado laboral está por debajo de las cifras de los países de la OCDE (43%). A pesar de ello, la mujer está empezando a visualizarse en el mundo laboral, sin embargo esto no se debe a la búsqueda de igualdad de género, sino a otros factores de necesidad; ya que se prevé que para 2035 va a haber un déficit de personas en posibilidad laboral debido a la baja tasa de natalidad del país; además, la mano de obra extranjera es cara, por lo que, como sucedió en las guerras mundiales, esta falta de trabajadores es suplida incorporando a las mujeres al mundo laboral.

Esta segregación horizontal se basa también en la concepción de género que tenemos desde pequeños donde las mujeres valemos más para algunas cosas y los hombres para otras.

Chile exporta el 30% de cobre a nivel mundial y representa un 15% del PIB. Esto se traduce a que la minería es un sector fundamental en el país. Sin embargo, a pesar de que haya casi la misma cantidad de mujeres de que de hombres en la educación superior, en el caso de estudios vinculados con la minería, el 76% son hombres. El estudio que ha realizado da cuentas de la tendencia a la disociación de las carreras con las necesidades del mercado laboral. Esta segregación horizontal se basa también en la concepción de género que tenemos desde pequeños donde las mujeres valemos más para algunas cosas y los hombres para otras. Estos estereotipos y visión de género generan una autodiscriminación de las mujeres que omiten las “carreras de hombres” en sus elecciones estudiantiles. A esto se suma un miedo por ser discriminadas o no conseguir trabajo en un sector tan masculino.

 

La importancia de la coeducación audiovisual

Frente a esto, tanto Jorge Belmonte Arocha de la Universidad de Valencia, como Lucía Triviño Cabrera de la Universidad de Málaga apuestan por una coeducación audiovisual para dar un enfoque de género de la educación y la cultura audiovisual. Los jóvenes necesitan herramientas para poder realizar un análisis crítico de los medios y discernir el sexismo que existe en ellos. Muchos docentes se encuentran con la dificultad de hablar de feminismo al alumnado, que a menudo reacciona de forma negativa cuando se tratan estos tipos de temas que perciben como una amenaza o como algo totalmente ajeno. Triviño Cabrera propone la actualización docente y la sustitución de las lecturas feministas por análisis de videoclips para tratar de interesar a los jóvenes en los problemas de género.

Muchos docentes se encuentran con la dificultad de hablar de feminismo al alumnado, que a menudo reacciona de forma negativa cuando se tratan estos tipos de temas que perciben como una amenaza o como algo totalmente ajeno.

 

Si el problema fuera racial…

Como última reflexión – acotada por Pablo Vidal Vanaclocha – diremos que si el problema fuera étnico nos daríamos cuenta enseguida de la discriminación que sigue vigente, sin embargo, con las mujeres esto no ocurre. La desigualdad de género está naturalizada y, por ende, no la vemos. Es necesario una educación cívica y una regulación del contenido en los medios para poder identificar y erradicar la discriminación que sufren las personas, sea cual sea su color, su sexo o su condición sexual.

 

[1] María Elena Maseras Ribera se matriculó en 1872 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Medios de Vigilancia Masiva

El Gobierno va a tratar lo indecible para protegerse de su “enemigo  principal”.  Y el “enemigo principal” de cualquier Gobierno es su propia población. 

Noam Chomsky

“La información es poder” Nunca esta frase fue tan potente como en el mundo en el que vivimos actualmente. Hoy en día la mitad de nuestra vida pasa por las redes: realizamos transferencias bancarias, hablamos con nuestros amigos, nos fijamos el tiempo que va a hacer para nuestras vacaciones, cuyos billetes de avión, hotel y coche de alquiler hemos comprado online. No más discusiones absurdas sobre hechos: le preguntamos al Dios Google que nos ofrece un ramillete de respuestas de las que elegimos la que más nos conviene. El botón “me gusta” permite que expresemos nuestros sentimientos con nuestros contactos virtuales, y así vamos construyendo una identidad online. Entrecomillamos nuestro nombre en Google y nos encontramos con la mitad de nuestra vida. La otra mitad está en el correo electrónico o en el móvil, lejos de los ojos de los curiosos. O eso creemos.

Hace un tiempo me encontré con un informático que pegaba un trozo de papel en la cámara – ya incorporada – del ordenador portátil, con el argumento de que era bastante fácil hackear las webcams. Sin embargo, esta medida es como ponerse un chubasquero para que el mar no te moje. Quizás podría evitar que una persona determinada le espiara a través de la mirilla del portátil, sin embargo, estamos siendo constantemente observados por multitud de agentes de los que no podemos huir tan fácilmente.

En el 1984 de Orwell los televisores eran obligatorios en cada hogar. Hoy en día esto no es necesario, nosotros queremos, necesitamos tener un nuevo ordenador, un nuevo móvil, un nuevo televisor. Las barreras de lo público y lo privado se diluyen mientras miramos en nuestra nueva Smart TV de 42” la última edición de Gran Hermano. No nos lo tienen que imponer: queremos ser vistos, queremos ser descubiertos. En el océano mediático, en el mar de redes donde nuestra lucha por ser “alguien” deja las fronteras del pueblo o la ciudad y viaja alrededor del mundo, la competencia se hace cada vez más feroz y la aceptación se mide en números de seguidores, de “amigos”. Dinos lo que te gusta y te conectaremos con gente como tú. Serás comprendido, serás aceptado en el mundo virtual. Todo va deprisa, si no twitteas lo suficiente, olvídate de tener seguidores. Si no contestas rápido al WhatsApp, prepárate para una reprimenda por parte de tus amigos. Abandonas la tecnología y desapareces, te vuelves irrelevante.

Un estudio realizado por Microsoft demuestra que la capacidad de atención del ser humano ha bajado notablemente desde el año 2000 hasta llegar a los niveles de un pez de colores[1]. Todo es veloz, abrimos mil ventanas en el ordenador mientras nuestro móvil no para de sonar. En esta inmediatez impuesta nos urge aceptar los términos y condiciones que páginas – conocidas o desconocidas – nos impongan para poder bajar la aplicación que corresponda del momento. “Candy Crash desea conocer tu correo, tus me gusta y tu lista de contactos”. Es indiferente si nos pide vender a nuestra madre o solicita acceso a todas nuestras fotos o leer todas las páginas que visitemos, hacemos clic en el botón de “Aceptar”. Dicen que si te ofrecen un servicio o producto gratis significa que el producto eres tú. Hemos sustituido el tan preciado juego de cacerolas ofrecido por los bancos en su momento de gloria por juegos y aplicaciones gratis en internet. Donde antes entregábamos nuestro dinero ahora vendemos nuestra información al mejor postor sin pensarlo dos veces. El patrón sigue siendo el mismo: vendemos barato.

En algún momento alguien despierta y avisa de que puede que todos estos productos gratis y golosos no sean más que una tapadera para estudiarnos, espiarnos, sistematizar la información y venderla en paquetitos de golosinas a terceros. En este marco de gran disparidad entre las grandes empresas y los usuarios aparecen otros “Gran Hermanos” que enfocan sus cámaras hacia los gobiernos y destapan los escándalos de espionaje. En 2013 Snowden revela la sistematización de la vigilancia masiva por parte de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en sus siglas en inglés) bajo el programa secreto PRISM con la colaboración de, al menos, nueve gigantes informáticos, entre los que se encontraban Microsoft, Google o Apple. WikiLeaks, destapa también el espionaje estadounidense, revelando que no solo se limita a ciudadanos anónimos, si no que llega a jefes de gobierno, como fue el caso del teléfono de Angela Merkel en 2015[2], entre muchos otros. Sobre el escándalo de Snowden, Obama argumentaría que: “no se puede tener 100% seguridad, 100% privacidad y cero inconvenientes”[3]. Este argumento refuerza la teórica dicotomía entre seguridad y privacidad y se nos repite una y otra vez mientras nos instalan más y más cámaras de seguridad, mientras nos recortan más derechos. Como bien nos recuerda Naomi Klein en su teoría del shock, después de haber sido expuestos a una situación de estrés somos más dóciles y más proclives a aceptar medidas extremas. Si ya un elevado número de franceses – un 63%  –estaba a favor del recorte de libertades por la lucha contra el terrorismo en abril de 2015[4]. Este número alcanza la vertiginosa cifra de 84% después de los atentados de París en noviembre de 2015, según revela una encuesta realizada por Ifop para Le Figaro y RTL[5]. El informe mundial de 2016 de Human Rights Watch alerta que uno de los principales peligros para este año es la política del miedo que se viene tomando desde el año pasado. Kenneth Roth – director ejecutivo de Human Right Watch – nos revela cómo John Brennan – directo de la CIA – criticó las restricciones legales sobre la recolección masiva de datos telefónicos por parte de las agencias de inteligencia después de los atentados de París. Roth va más allá afirmando que dos agencias de supervisión independiente con acceso a información confidencial concluyeron que esta recolección masiva de datos con su consecuente invasión a la privacidad no han tenido un papel clave a la hora de detener ningún plan terrorista[6].

“La información es poder” nos repetimos otra vez. Pero, ¿con qué meta? El poder es control, pero hay diferentes formas de controlar. Aparentemente los gobiernos usan la información para asegurar la subsistencia del sistema. Este sistema que paradójicamente promueve el progreso mientras usa herramientas inmovilistas para mantener el statu quo. Las compañías privadas, por el contrario, utilizan la información para usos comerciales. Esta lucha de poderes cuya jerarquía cada día es más difusa se vislumbra en la lucha de Apple contra el FBI que se niega a fabricar un software capaz de penetrar en el sistema de seguridad del iPhone de uno de los atacantes del tiroteo en San Bernardino. El año pasado Snowden defendía la postura de Apple sobre la protección de los datos de sus clientes argumentando que no importa si Apple pretende mantener el compromiso de privacidad a largo o plazo o no. El hecho de la compañía use la privacidad, aunque sea como herramienta comercial, es algo positivo para los usuarios.[7]  Empresas como Google o  Facebook se han alineado con Apple en su batalla contra el FBI[8]. Sin embargo, cabe recordar que estas empresas se vieron implicadas en el caso Snowden en 2013.

Es aquí donde nos encontramos ante la duda de si estamos presenciando una batalla por la ética de la protección de datos o una lucha por el control entre los gobiernos y los grandes conglomerados trasnacionales. Nos encontramos ante la necesidad de control de los gobiernos con fines militares y de seguridad en oposición con el control de la información que manejan las grandes compañías como Facebook, Google o, incluso, Apple, cuyos fines son comerciales. Apple parece estar ganando esta batalla donde el dinero se impone al resto de los poderes. Estas conquistas por el número de clientes no por los territorios se ve tangible en otros ejemplos, como la compra en 2013 por parte de Google del mayor fabricante de robots, Boston Dynamics, cuyo principal cliente es el Ejército de Estados Unidos[9]. Esta compañía con gran potencial militar es, a su vez, una fuente de ingresos en el sector comercial. Si bien es cierto que no es lo mismo que la policía pueda entrar y allanar cualquier casa sin una justificación aparente a que Facebook recolecte información para poner anuncios que se ajusten más a nuestro perfil, sigue siendo una invasión de la privacidad. ¿Hasta qué punto es moralmente defendible el uso de datos a nivel comercial? ¿No es acaso otra forma más de manipulación encubierta?

En esta sociedad profundamente individualista el control se hace más fácil. Nos convertimos en consumidores antes que ciudadanos. Somos dóciles por miedo al ridículo, por miedo a convertirnos en parias sociales. El tener cosas nos hace vulnerables y temerosos. No queremos perderlas. Aceptamos las condiciones que imponen los de arriba, tanto para mantenernos seguros como para proveernos de la gran diversidad de perdedores de tiempo y de herramientas útiles en la red. Bajamos nuestras cabezas al móvil ignorando a las personas que tengamos en nuestro alrededor y nos aislamos en el mundo virtual.

Así como la gran mayoría de la economía mundial pasa por la Bolsa, las relaciones interpersonales se desarrollan por las redes. Nos convertimos, así, en especuladores de nuestras propias vidas. Hacemos clic en el botón de “asistiré” sin saber si eso ocurrirá, compartimos indignados noticias sobre los malos tratos que están recibiendo los millones de refugiados que buscan asilo, sin embargo, en la realidad, el inmovilismo está a la orden del día. Nos hemos vuelto adictos al consumo, y la tecnología no escapa. Entramos en el “gran” dilema moral – inexistente, en realidad, si dejáramos de lado nuestras preferencias consumistas – de si seguir comprando en las grandes tiendas que explotan a niños en el otro lado del planeta o si castigar a las empresas que nos espían. Pero eso significaría sacrificar las camisetas de temporada a 5 euros y las coloridas aplicaciones y nuevos dispositivos que salen día tras día.

De todas formas, no todo está perdido, sigue habiendo activistas que luchan por resistir el orden establecido y aparecen actores – llamados “lanzadores de alertas”[10] por Ignacio Ramonet – como Julian Assange, Snowden o el propio Ramonet – uno de los fundadores de ATTAC –. Que luchan por un mundo más nivelado, en el que las cámaras de vigilancia no siempre estén apuntando hacia el mismo lado.

[1] The Telegraph, 15 de mayo de 2015. http://www.telegraph.co.uk/news/science/science-news/11607315/Humans-have-shorter-attention-span-than-goldfish-thanks-to-smartphones.html

[2] El País, 2 de julio de 2015. http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/02/actualidad/1435863456_821906.html

[3] Aquí el discurso que dio Obama, se puede ver la frase citada en el minuto 07:28 –  https://www.youtube.com/watch?v=urFQA040F2Y

[4] Le Monde Diplomatique, febrero 2016 http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=2dea492b-db8d-4d34-a23c-844915d6e6ab

[5] Le Figaro, 17 de noviembre de 2015. http://www.lefigaro.fr/politique/2015/11/17/01002-20151117ARTFIG00272-les-francais-prets-a-restreindre-leurs-libertes-pour-plus-de-securite.php

[6] Informe completo de Human Right Watch, la parte sobre política del miedo comienza en la página 1 y, en concreto, la de vigilancia masiva en la página 5. El árticulo es digno de ser citado de forma íntegra. https://www.hrw.org/sites/default/files/world_report_download/wr2016_web.pdf

[7] TechCrunch, 17 de junio de 2015. http://techcrunch.com/2015/06/17/but-bring-the-hammer-if-it-betrays-us/

[8] The New York Times, 26 de febrero de 2016. http://www.nytimes.com/2016/02/27/technology/apple-shareholders-show-their-support-for-tim-cook.html?_r=0

[9] El País, 16 de febrero de 2013. http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2013/12/16/actualidad/1387180149_080434.html

[10] Le Monde Diplomatique, octubre 2015. Artículo muy interesante de Ignacio Ramonet sobre Los nuevos estados de vigilancia http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=869ae474-8dda-4277-bf86-cf11bc19ae11

El futuro del mundo

 

Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo podrá disfrutar de una vida de lujo ociosa si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito conta la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología provocando cada vez más desigualdad.

Stephen Hawkins, 2015

ECONOMÍA

La globalización económica está generando grandes desigualdades entre los más ricos y los más pobres, donde el espacio de juego es totalmente distinto entre unos y otros. Según el último informe de Oxfam, en 2015, el 1 por cierto más rico de la población mundial posee más riqueza que el otro 99 por ciento. O, para entenderlo mejor, los 62 más ricos del mundo poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas.

Mientras los ricos pueden especular con la economía de forma global, los pobres están atados a un espacio geográfico limitado. De mantenerse este sistema, en 20 años la situación se va a agravar. Este capitalismo salvaje nos lleva a consumir sin control – y de forma innecesaria – gran cantidad de recursos agotando la tierra y aumentando así la contaminación del planeta. Si el dinero es lo que prima por encima de las personas estamos en serios problemas, la sociedad se individualiza y las desigualdades se agrandan.

Con la emancipación de la mujer, los empresarios se dieron cuenta de que ya no era necesario pagar de la misma forma a sus trabajadores, ya que ahora, cada hogar era mantenido por dos personas, no por una sola. También es cierto que el sistema en el que vivimos nos genera la ilusión de muchas necesidades que se concretan en gastos (móviles para todos, portátiles, tablets, TV, coches, electrodomésticos, gran cantidad de ropa,…[1]). Por ende, los occidentales tendrán cada vez menos hijos, priorizando sus carreras y esperando el momento ideal para ser padres. Europa será un continente anciano. Esto va a generar un conflicto que ya empezamos a vivir. Las opciones serán: o aceptar la recesión o dejar que jóvenes trabajadores inmigrantes ocupen el puesto de los hijos que no tendremos. Esto será percibido como amenaza, con miedo a que la mayoría extranjera cambie la identidad del país, lo que puede llevar a conflictos xenófobos y la suba de la derecha extrema en ciertos países.

DEMOGRAFÍA Y RECURSOS

La disparidad demográfica se está acentuando entre Europa y África. Mientras en el viejo continente la población está disminuyendo, en África crece a un ritmo importante. Las previsiones de la ONU del 2015 anticipan que para el año 2030 haya un aumento de 1000 millones de personas, llegando a un total de 8.500 millones. De acuerdo con las previsiones de urbanización de Naciones Unidas de 2014, se espera que India añada 404 millones de habitantes a ciudades para 2050, China 292 y  Nigeria 212. Este aumento de la población y de las ciudades en determinados en los países en vías de desarrollo supondrán un aumento de la demanda de recursos.

Un crecimiento del consumo, hoy en día, se traduce en una incremento en la contaminación. No debemos olvidar el llamado efecto multiplicador que tienen China e India, donde cualquier problema se convierte en amenaza al multiplicarlo por 1.2 miles de millones. El aumento de la clase media en estos países se traduce en un aumento de millones de coches, millones de bolsas de plástico, millones de cabezas de ganado para el consumo. Si bien es cierto que China se ha comprometido por vez primera a limitar sus emisiones para 2030 e incrementar a un 20% el consumo de energías alternativas, el problema de la contaminación en la región es preocupante, donde, siendo China el mayor contaminante del mundo, India presume, junto a Pakistán, Afganistán o Bangladesh, de algunas de las ciudades más contaminadas del mundo.

Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por la ONU en agosto de 2015 pretenden continuar con el cometido de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se han agregado muchos puntos sobre la protección del ecosistema y la sostenibilidad, lo que resulta algo positivo – o alarmante, si tenemos en cuenta que no plantearon desde un principio –. Esto indica que se está empezando a tomar conciencia sobre la necesidad de preservar el medioambiente si queremos conservar nuestra calidad de vida.

Si en 20 años no hemos avanzado para administrar los recursos de forma responsable estaremos en graves problemas. La contaminación y, con ello, el cambio climático generará modificaciones en la flora y fauna de las distintas regiones, muchas especies se extinguirán, otras migrarán. Los océanos se verán perjudicados por el CO2 y muchos peces morirán, mientras que otras especies más resistentes a la acidificación de los mares, como las medusas, proliferarán.

La lucha por el control del petróleo continuará aunque habrá comenzado la transición hacia nuevas energías – renovables, quisiéramos pensar, aunque siguiendo la lógica actual algo idearán para sacarle el máximo provecho económico –.

REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

Por otra parte, debemos tener en cuenta los avances tecnológicos. Las guerras serán automatizadas – ya está ocurriendo con los drones  y la fabricación de robots especializados para conflictos llevada a cabo por Boston Dynamics (ahora comprado por Google) –. Esto conlleva a una desconexión cada vez mayor con las consecuencias de los ataques en humanos lo que sigue contribuyendo hacia la falta de empatía entre personas; no es lo mismo matar a alguien cuerpo a cuerpo que apretar un botón y que cosas desaparezcan en una cámara.

No es todo negativo, en la medicina genética[2] se habrá avanzado mucho y es posible que muchas de las enfermedades que hoy conocemos tengan fácil cura para el 2030, aunque con el creciente uso de artículos artificiales en nuestra cotidianidad es probable que nuevas enfermedades se desarrollen para las que deberemos encontrar nuevas curas.

Dicho esto, lo que es indiscutible es que tendemos hacia una era de la información y tecnología, con una tendencia a organizaciones que controlan de forma global las sociedades (por ahora ocurre con los ciudadanos  más que con las entidades financieras). El poder se está trasladando desde los estados a organizaciones trasnacionales.

Con el aumento de la clase media no sólo hay efectos negativos, también aumenta el incremento  en la sensibilización hacia los problemas que aquejan el planeta. Por ello, es posible que se avance – lentamente – hacia un desarrollo de energías renovables, y un avance en la biociencia y alimentos modificados genéticamente que se traduce en que, por un lado, se disminuya el deshecho de residuos y el consumo en carne y, por otro, que se trabaje para optimizar el uso de los recursos del planeta de modo tal que se pueda abastecer a la población sin agotar la tierra y el agua.

ORIENTE VS. OCCIDENTE

El crecimiento económico asiático está generando grandes cambios tanto en el núcleo de la sociedad de los países de la región como en el resto del globo. La industrialización y, con ello, la urbanización y el aumento de la clase media conlleva importantes cambios en los comportamientos sociales y de consumo. Por un lado, este cambio de vida representa un cambio de eje en la alimentación. Si bien, antes la base residía en los cereales, ahora se está produciendo una traslación hacia un aumento cada vez mayor en la demanda de proteína animal. No sólo de pescado, sino también de carne y lácteos.

Todo esto tiene varias repercusiones a nivel externo. Por un lado, lleva a varios países como Japón o China a comprar tierras y empresas de productos primarios en el extranjero – en regiones africanas o sudamericanas – para cubrir la demanda interna. Por otro, aparecen tensiones por el domino de los recursos. Un ejemplo es la pugna por los territorios marítimos en la región de Asia y el Pacífico, que no se debe sólo a razones estratégicas y militares, sino por la lucha por la apropiación de las zonas de pesca. En estas disputas por los recursos nos debemos dejar de lado el problema del petróleo. Se calcula que para el 2030 el noreste asiático más de un 95% de su consumo provendrá de las importaciones, siendo este número del 66% en el caso del sureste asiático[3].

Este desplazamiento del centro de poder geopolítico hacia Asia genera rivalidad entre las potencias tradicionales, como Estados Unidos. Un indicio de ello lo encontramos en los tratados de libre comercio que ha firmado Estados Unidos con la región del Pacífico, dejando de lado el gigante Chino. Está por ver si la lucha entre los dos gigantes terminará en un acuerdo comercial que permita a ambos crecer y beneficiarse o si, por el contrario, uno desterrará al otro en la lucha por la hegemonía mundial.

CONCLUSIONES

Tenemos una gran cantidad de recursos – tecnológicos, médicos, industriales, biotecnológicos, energéticos,… – para disminuir nuestra incidencia en el medio ambiente, disminuir la desigualdad entre las personas y mejorar la calidad de vida en muchos aspectos. Si estos recursos se privatizan y quedan en manos de unos pocos, seguiremos viendo crisis migratorias y de refugiados, seguiremos viendo protestas en las calles y seguirá aumentando la inseguridad que – a menudo – se construye sobre la base de un terreno desigual.

 

[1] Todo ello de peor calidad debido a la conocida obsolescencia programada que no es más que otro método del capitalismo salvaje.

[2] No desarrollo aquí para no extenderme sobre la falta de legislación con las nuevas tecnologías como internet, que amenazan los derechos – como la privacidad – del ciudadano. Esperemos que con los avances tecnológicos no lleguen, además, nuevas herramientas de control genético sin regulación internacional.

[3] CESIM – IEEE, Implicancias del desplazamiento del centro del poder geopolítico en dirección Asia-Pacífico. Perspectivas de la Unión Europea y América Latina http://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasPublicaciones/Internacional/CESIM-IEEE_ImplicanciasDesplazamientoPoderGeopoliticoAsia-Pacifico.pdf

La resistencia al shock

La doctrina del shock no es solo lo que nos sucede cuando algo malo pasa Es lo que nos pasa cuando perdemos nuestra narrativa, cuando perdemos nuestra historia, cuando nos desorientamos.

NAOMI KLEIN

Las ideas de La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (2007) impactaron tanto al director de cine Alfonso Cuarón que se ofreció a realizar un cortometraje de seis minutos para promocionar el libro. Dos años más tarde esta semilla audiovisual daría su fruto en el documental con el mismo nombre – La doctrina del shock –, dirigido por Michael Winterbottom y Mat Whitecross. En él, la célebre periodista y autora del libro, Naomi Klein, desarrolla la tesis de cómo las mismas tácticas de shock para persuadir a los prisioneros a que hablen son utilizadas en los ciudadanos para que acepten las impopulares medidas del neoliberalismo.

En los años cincuenta, la CIA financió una serie de experimentos sobre metodología para someter a los prisioneros. Se llegó a la conclusión de que la forma más eficaz era usar el shock en los adultos para que retrocedieran a un estado infantil. En el manual elaborado existían técnicas que abarcaban desde la privación del sueño o el aislamiento sensorial a las descargas eléctricas. Estas ideas, aptadas al plano económico, nos llevan al Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, padre del libre mercado y de los Chicago Boys. Friedman mantenía que una crisis, “real o percibida”, podía producir la aceptación de la sociedad hacia los cambios necesarios para un verdadero capitalismo desregulado.

El documental nos embarca en un viaje de shock y horror que arranca en el experimento de economía liberal tras el golpe de Estado de Pinochet, en Chile; prosigue con las medidas impopulares de Reagan y Thatcher; el horror de la guerra de las Malvinas; Guantánamo; 11S; Irak; e incluso el aprovechamiento de desastres naturales tales como el huracán Katrina donde se aprovecha el shock para privatizar. Con ello, Klein ilustra todas las medidas de desregulación del mercado que se han llevado a cabo en los últimos cincuenta años y, con ellas, el crecimiento de la desigualdad en la población, con el enriquecimiento desmesurado de las grandes compañías y la precarización laboral de los trabajadores; el empobrecimiento del Estado, con las privatizaciones de las compañías que antaño supieron ser bienes comunes. La autora sostiene que, al contrario de lo que la gente piensa, el capitalismo no está ligado necesariamente a la democracia.

Nos empuja, así, a reaccionar, llamándonos a que nos mantengamos informados, haciendo prevalecer la memoria histórica y saliendo a las calles. “Si queremos respuestas a la crisis económica, que nos deje un mundo que sea más saludable, más justo, más pacífico, tenemos que salir afuera y obligarles a hacerlo.”, finaliza.

Efectivamente, nos encontramos ante una sociedad en shock incapaz de responder ante la gravedad de la situación, sin embargo, podemos ir más allá de lo que plantea el documental. Klein distingue entre tres tipos de shock: el shock de la guerra; la terapia de shock económica, que sucede a este primero y, por último, el shock de la imposición, necesario por la resistencia a aceptar el segundo. Pero también hay otro tipo de shock: el shock de las nuevas tecnologías. El escenario que Orwell narraba en 1984 se ha hecho realidad y peor de lo que pudo imaginar. Hemos aceptado el Gran Hermano de buen grado; exponiendo nuestras vidas en Facebook, Twitter o Instagram. Lejos de lo que podríamos suponer, este hecho no nos hace más sociales, más bien lo contrario; alienados en nuestros dispositivos electrónicos, ignoramos al de al lado y publicamos nuestra vida como si fuera lo más importante, dejando entrever esta sociedad individualista en la que nos encontramos. Como sostiene Tony Judt en Algo va mal, hemos dejado de ser ciudadanos para convertirnos en individuos. Y como no ciudadanos no nos sentimos legitimados a ejercer nuestro poder y deber de reclamar al gobierno de turno cuando no está haciendo las cosas bien. Esta alienación, que se consigue en los presos de Guantánamo aislándoles de los otros con vendas en los ojos, maniatados e insonorizados, se ha conseguido de forma voluntaria en la sociedad.

No es la única forma de aislarnos: la sobreinformación de la que disponemos, es equivalente a que nos pongan música estridente a todo volumen, ruido de coches, gritos y cacerolazos y nos pidan que intentemos enfocar nuestro pensamiento en algo concreto. Evidentemente, tenemos mayor acceso a la información, pero es muy difícil de discernir con qué cosas quedarnos. El imperativo del ahora, de la inmediatez, impide que nos detengamos a reflexionar sobre lo que verdaderamente está pasando.

Pero, ¿hasta dónde vamos a llegar? La crisis de los refugiados o el ISIS no son más que el resultado de una concatenación de hechos que se originan en las políticas neoliberalistas y la supremacía económica. Sí, es cierto, es difícil ser rupturista, la rutina nos engulle y no tenemos tiempo para pensar, protestar o averiguar en qué tienda tienen ropa cuyos sus trabajadores no hayan sido explotados. Mientras tengamos pan para llevarnos a la boca y no corramos peligro de muerte no vamos a movernos.

Con la sociedad de consumo han conseguido que nos convirtamos en niños sin criterio que no quieren comer verduras y engullen caramelos sin medida. Así está el mundo occidental, haciendo colas infinitas en tiendas que explotan a sus trabajadores; siendo nosotros mismos trabajadores explotados de esta sociedad donde prima el valor del dinero.  Sin embargo, si bien es cierto que la responsabilidad principal está en los grandes ideólogos de las políticas neoliberales y los gobiernos que las ejecutan, no podemos dejar libre de responsabilidad a la ciudadanía. Sí, es cierto, estamos en un estado de shock, de todos modos, es cómodo jugar a ser niño y delegar nuestras responsabilidades en otros como los gobiernos han delegado las empresas públicas a manos privadas. Hemos sustituido a Dios por el Dinero y los organismos de poder son sus profetas. Hay una “degradación de valores”, aseguraba José Luis Sampedro y es cierto que hay una “colonización del pensamiento” que nos nubla la vista; pero nosotros somos responsables de nuestros actos y debemos ejercer ese poder. Salgamos a la calle a manifestarnos, votemos, castiguemos a los corruptos, pongamos nuestro dinero en una banca ética, gastemos nuestro dinero en aprender y no en el último modelo de teléfono/bolso/coche. No deleguemos la decisión de en qué mundo queremos vivir: debemos resistirnos al shock.